🧪 La Idea en Crudo#
En su libro “Eichman en Jerusalen”, Hannah Arendt nos legó un término “la banalidad del mal”. Dentro de la simpleza del enunciado, su alcance y evolución en estos tiempos modernos y la intensidad y dinámica que ha alcanzado la humanidad, especialmente en este siglo XXI y su avance tecnológico; me lleva a pensar la banalidad ya no está circunscrita al mal, sino que ha invadido al ser humano.
El punto central del planteamiento de Arendt era que Adolf Eichmann, responsable de miles de judíos muertos en el Holocausto Judío de la Segunda Guerra Mundial, era un sujeto común y corriente que actúo de acuerdo a su formación y en concordancia con el rol que le tocaba en el ejército nazi y específicamente en las SS. Hannah asistió al juicio de Eichmann en Jerusalén (de ahí el nombre del libro) y como filósofa y profunda observadora de la realidad, vio que el conocido como el “Arquitecto del Holocausto”, no tenía ninguna fisonomía distintiva, no mostraba ningún comportamiento extraordinario o psicopático, ni siquiera algún tipo de encono u odio hacia los judíos; en otras palabras, asistía a su juicio como un acusado común y corriente.
Ante esta visión, Arendt revisó la biografía de Eichmann, informes de sus trabajos, su entorno familiar, su formación y los aspectos más importantes o influyentes que se dan en cualquier vida. No encontró nada extraordinario, algo que explicará como había podido ser tan efectivo y eficiente para apoyar y aplicar y ejecutar “la solución final” que Hitler desarrolló para exterminar a los judíos. En resumen, no encontró una explicación específica y aplicable solo a Adolf Eichmann.
Sus reflexiones ampliaron el horizonte y se preguntó ¿Cómo millones de personas pudieron actuar en el mismo sentido que Eichmann? estando de acuerdo con eliminar judíos y secundar a Hitler en su locura de exterminar un pueblo.
Revisó entonces que había ocurrido en el proceso de ascenso del nazismo y de llevar a cabo dicho exterminio, dentro de la guerra que libraba Alemania (evidentemente el Holocausto distraía y consumía recursos que Alemania necesitaba para su guerra) y entendió comportamientos como el de Eichmann, no respondía a tipologías psicológicas específicas o a temperamentos fuera de lo común, sino a un proceso que respondía al cumplimiento de los roles que se les asignaba dentro de las estructuras donde la persona vive, contexto que denominó “la banalidad del mal”.
Arendt comprendió que el acompañamiento activo y el respaldo de Eichmann y muchos otros alemanes al planteamiento de Hitler (y sus convencidos allegados), de exterminar a los judíos, era consecuencia de un proceso de culturización al que fue expuesto -de manera muy efectiva- el pueblo alemán, condicionó su accionar y logró una participación activa de la gran mayoría de los alemanes, en el desprecio y luego, necesidad de matar, exterminar a los judíos.
¿Cómo funciona entonces la implantación de “la banalidad”?
Haciendo la salvedad que la banalidad es una herramienta de manipulación política, que apela al espacio cultural, ético y moral de las personas, de manera tal que traslapan principios y valores hacia fines convenientes para los políticos dominantes.
Pero volviendo a la implantación de la banalidad, los pasos o elementos que emplea son, con diversos niveles de intensidad, los siguientes:
- Responsabilizan a un grupo de personas (según raza, país, cultura, etc.) de los males o problemas que padecen.
- Invocan un enemigo o convierten a un grupo humano como tal.
- Crean amenazas y con ello generan miedo.
- Difunden que las acciones que aplicarán contra el grupo humano “enemigo”, son por seguridad, justicia y/o reinvidicaciones que les fueron arrebatadas por los “culpables”.
- Proceden a descalificar, desvalorizar, incluso deshumanizar al grupo que atacarán para volver a ser lo que perdieron por culpa de ellos.
- Como consecuencia del punto anterior, generan leyes que les permiten “legalizar” los atropellos que cometerán.
- Todo lo anterior, lo orientan o enmarcan en el logro de fines superiores, como espacio vital, seguridad nacional, soberanía, crecimiento, desarrollo, etc. Siempre plantearán un fin superior.
No entraré en detallar casos específicos en este post (lo haré más adelante), pero si los invito a que piensen en casos históricos y actuales. Piensen (o busquen información) en como actuaron y están actuando muchos líderes que se reivindican como “salvadores”; como por ejemplo: Trump, Netanyahu, Hitler, Chávez, Fujimori; verán que hicieron uso de más de una de las estrategias que he descrito.
En todo caso, porque parafraseo a Hannah Arendt y planteo “la banalidad de lo humano”. La respuesta tiene un punto central desde mi perspectiva.
El contexto en el que Arendt habló de la banalidad del mal, fue el del juicio de un criminal de guerra nazi, que se hizo criminal al tomar sin mayor crítica el odio que Hitler tuvo contra los judíos, mismo que se originó a partir de ideas eugenésicas sobre la superioridad de la raza aria. Estos argumentos son de tipo ideológico y no de tipo material. Consecuencia se produjo un genocidio, un holocausto.
Actualmente, cuando pensábamos que los holocaustos, que los genocidios habían sido controlados con el orden mundial, sustentado en organizaciones internacionales como la ONU, UNICEF, OMS, FAO y otros, que han trabajado décadas en fortalecer la convivencia en el mundo; vemos que estos son tan reales como cotidianos y que han tomado matices inauditos.
Consecuencias de la banalidad#
- Guerras y exterminio
- Genocidio y destrucción
- Pérdida de derechos y de un orden legal para la convivencia.
Poco a poco ilustraré con historia y conceptos que esto es lo que ocurre.
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